top of page

ĀæEs negativo el juego ā€œbruscoā€ con la niƱez?

Actualizado: 26 abr 2025

Correr, dejarse caer sobre el sofĆ”, jugar a la "lucha libre"… Āæte suena familiar? Muchos padres, madres y cuidadores sienten preocupación al ver a sus hijos e hijas envueltos en este tipo de juego fĆ­sico vigoroso, tambiĆ©n llamado "juego brusco" o "rough-and-tumble play". Es normal sentir el miedo y pensar que ā€œse van a lastimarā€, ā€œse van a volver agresivosā€, ā€œesto no es juego sanoā€. Sin embargo, hoy quiero invitarte a ver con otros ojos esta forma de jugar que lejos de ser peligrosa o inadecuada, podrĆ­a ser profundamente beneficiosa para el desarrollo optimo de la niƱez.



Este tipo de juego enseña a la niñez habilidades esenciales como la autorregulación, negociación, empatía, lectura de señales sociales, y algo muy importante como lo es el valor del consentimiento mutuo.
Este tipo de juego enseña a la niñez habilidades esenciales como la autorregulación, negociación, empatía, lectura de señales sociales, y algo muy importante como lo es el valor del consentimiento mutuo.

A veces, el cuerpo habla mÔs fuerte que la boca. El juego físico vigoroso es una forma natural y saludable de expresión en la que los niños exploran su fuerza, prueban límites, liberan tensiones y crean vínculos. Lejos de ser una señal de conducta agresiva, suele ser una forma intencional para crear o provocar una conexión. Basta con observar una buena sesión de "lucha libre" entre un adulto y un niño, para ver sonrisas, risas, contacto visual y mucha complicidad. Es literalmente una expresión corporal llena de afecto. Vemos al niño abierto libremente a la oportunidad de conectar con el adulto y mostrar interés en que el juego continúe por el mayor tiempo posible, incluso aunque como adultos queramos parar por ya estar físicamente cansados.


Este tipo de juego también enseña a los niños habilidades esenciales como la autorregulación, negociación, empatía, lectura de señales sociales, y algo muy importante como lo es el valor del consentimiento mutuo. En el "juego brusco" aprenden a parar si alguien dice "no", a notar si el otro ya no se divierte y hasta a pedir perdón si se excedieron. ¿No es eso justamente lo que esperamos que comprendan para una vida en comunidad saludable?


Es importante mencionar que el rol del adulto es clave. No se trata de dejar que todo pase sin lĆ­mites. Debo aclara que aunque su presencia debe ser empĆ”tica, firme y no directiva, tambiĆ©n el espacio debe ser divertido y seguro para todas las personas que participan del mismo. En ocasiones puede ser necesario mensajes como: ā€œMe encanta ver cómo se divierten, pero usar ese objeto puede lastimarlos, vamos a detenernos y buscar otra opciónā€. AsĆ­, el niƱo o niƱa se siente visto, validado, pero tambiĆ©n seguro. Recordemos que es muy probable que estemos trabajando con niƱos que se encuentren en el proceso de desarrollo de la autorregulación, habilidad que sigue en transformación hasta la adolescencia.Ā 


Vale la pena preguntarse: ¿por qué nos incomoda tanto este tipo de juego? Tal vez porque a muchos de nosotros no se nos permitió jugar de esta forma, o incluso escuchÔbamos frases como "juego de manos, juego de villanos". En muchas ocasiones la energía del saque podía ser confundida o interpretada como violencia.


Acompañar a la niñez únicamente desde el miedo nos aleja de las posibilidades de una conexión profunda. No le temas al juego brusco, obsérvalo con curiosidad y participa si puedes para que te sientas parte del proceso. Si sientes que aun te cuesta, habla con tu niño interior estoy seguro de que ese también quiso correr, brincar, jugar con almohadas y tumbarse en el suelo para reírse un rato. Tal vez ahí encuentres la puerta para acompañar a tu hijo o hija con menos miedo y mÔs presencia.


El juego brusco, cuando es seguro, consentido y acompañado, no es violencia, es la infancia en su mÔxima expresión. ”A jugar!

Ā 

Contacto

9398651519

Seguir

  • WhatsApp
  • Instagram
  • Facebook

©2025 por Lcdo. Fernando A. Cuevas Quintana. 

bottom of page